CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Cerebro protegido: así funciona la barrera que lo resguarda de toxinas y parásitos

Todo lo que somos, sentimos, vemos y creamos parte de nuestro cerebro. Un órgano que, con apenas el consumo de una bombilla es capaz de recibir información del mundo que le rodea, analizarla y emitir una respuesta. Y es que sin cerebro no hay ser humano y, por tanto, este órgano ocupa un lugar privilegiado y bien protegido en el cuerpo. Ante golpes y contusiones, el cerebro cuenta con defensas muy resistentes: los huesos del cráneo. Este conjunto de 6 huesos (frontal, temporal, parietal, occipital, etmoides y esfenoides) se acoplan entre sí para crear un casco interno y recibir los posibles golpes que, de otro modo, dañarían el blando tejido cerebral. Pero estos huesos no siempre recubren toda la cabeza. Como sabrán todas las personas que hayan sido madres o padres, al nacer y durante el primer año o año y medio de vida de un bebé, los huesos del cráneo se encuentran separados, pegados entre sí por unos tejidos denominados fontanelas. Estas uniones ayudan durante el proceso del parto y permiten que el cerebro se expanda rápidamente en el interior del cráneo en las primeras etapas del desarrollo. Pero en el interior del cráneo, una barrera más desconocida protege al cerebro de amenazas invisibles. Una barrera formada por capas de células muy pegadas entre sí que rodean toda su superficie y que casi exclusivamente dejan pasar nutrientes y azúcares, dejando fuera toxinas, parásitos y otras muchas sustancias. La denominada barrera hematoencefálica garantiza la homeostasis cerebral y ayuda a que el cerebro funcione correctamente durante todos los años que viva la persona. Qué es esta barrera Para acercarnos a comprender lo que es la barrera hematoencefálica, más que imaginarnos un casco hemos de pensar en una especie de filtro de café. Por el filtro, formado por células epiteliales vagamente similares a las que tenemos en la piel, pueden pasar ciertas sustancias esenciales para el cerebro, pero no otras que no interesan. Esto es debido a las uniones estrechas; un tipo de unión celular que, como su propio nombre indica, pega fuertemente unas células con otras, apenas dejando espacio entre ellas. De este modo, sólo aquellas sustancias liposolubles, que puedan diluirse entre la grasa que forma las membranas celulares, podrán pasar libremente de un lado a otro. Entre estas moléculas se encuentran el oxígeno y el dióxido de carbono, por lo que el cerebro puede intercambiar los gases de forma eficaz, pero también el alcohol, lo que deriva en la sensación de embriaguez al consumir esta sustancia. Para otras sustancias esenciales, como la glucosa y los aminoácidos que necesitan las neuronas para tener energía y llevar a cabo sus funciones, existen transportadores especiales que, usando energía, catapultan estas sustancias hacia el interior. Por último, también existen otros mecanismos que permiten interiorizar o eliminar moléculas más grandes que se unen a receptores específicos. Un quebradero de cabeza para los médicos Al tratarse de una barrera tan selectiva, muchos de los medicamentos que normalmente se ingieren o se inyectan no llegan al cerebro. La barrera hematoencefálica los retiene y los deja fuera. Por ello, es un elemento muy importante a tener en cuenta a la hora de diseñar fármacos específicos para este órgano. Normalmente sólo pasan fármacos pequeños y liposolubles, pero existen algunos que son capaces de colarse a través de los transportadores de otras moléculas por su similitud, pero apenas llegan al 2% de todos los medicamentos. Esto es un gran problema a la hora de tratar de diagnosticar o de tratar ciertas afecciones, puesto que si el fármaco no llega donde ha de actuar, el tratamiento no va a funcionar. Así pues, durante los últimos años se han tratado de diseñar algunas técnicas con las que crear agujeros de forma temporal en la barrera mediante ultrasonidos o, directamente, inyectar las sustancias a través de la barrera hematoencefálica. Aunque por supuesto, estas técnicas tienen cierto riesgo, han de ser llevadas a cabo por especialistas entrenados y sólo cuando los beneficios superan a los riesgos. Por ello, la barrera hematoencefálica se considera una guardiana infranqueable para lo bueno y para lo malo. Una guardiana que no suele aceptar sobornos y que nunca abandona su puesto y que tiene una única misión: que nada ni nadie fuera de lo necesario llegue al centro de mando de todo nuestro ser.

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NASA despega tres misiones que explorarán la heliosfera y el viento solar

La NASA lanzó este miércoles 24 de septiembre al espacio tres misiones que buscan mapear la heliosfera (capa que rodea y protege al sistema solar), dar seguimiento crítico de la meteorología espacial y estudiar cómo responde la atmósfera superior de la Tierra al viento solar. Las tres misiones despegaron desde Florida (EE UU) en un cohete Falcon 9 de SpaceX a las 07:31 hora local (13:31 hora peninsular española) y su destino es el primer punto de Lagrange, un lugar gravitacionalmente estable entre el Sol y la Tierra separado por más de 1,6 millones de kilómetros del planeta azul. Una vez allí, tras una travesía estimada de 108 días, las misiones procederán al estudio de la heliosfera, del viento solar y de la exosfera, la capa superior de la atmósfera terrestre. Proteger las telecomunicaciones Estas misiones tendrán un gran impacto en la vida diaria en la Tierra, pues “podrían ayudar a proteger tu red eléctrica, tu GPS, incluso los sistemas de comunicación de los pilotos en aviación, los servicios de emergencia y sistemas de apoyo en la agricultura”, explicó la científica española Teresa Nieves Chinchilla durante la transmisión de la agencia espacial estadounidense NASA del lanzamiento en español. La misión IMAP trazará los límites de la heliosfera, una burbuja inflada por el viento solar ubicada a 14 000 millones de kilómetros de la Tierra que se genera por las partículas magnéticas procedentes del Sol y que protege al sistema solar de la radiación cósmica. Además, protege nuestro sistema solar de los rayos cósmicos galácticos. Esta es una protección clave que contribuye a que nuestro planeta sea habitable. La nave espacial también tomará muestras y medirá las partículas del viento solar que fluyen hacia el exterior desde el Sol, así como las partículas energéticas que fluyen hacia el interior desde los límites de nuestro sistema solar y más allá. “IMAP nos ayudará a comprender mejor cómo el entorno espacial puede perjudicarnos a nosotros y a nuestras tecnologías, y a descubrir la ciencia de nuestro vecindario solar”, afirma en un comunicado de la NASA David McComas, investigador principal de la misión IMAP en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey. Esta región del espacio solo ha sido atravesada por las dos sondas Voyager, la última de ellas lanzada al espacio hace casi seis décadas, por lo que el conocimiento que la agencia espacial posee sobre la heliosfera es limitado. Estudio del viento solar La misión estudiará la interacción entre el espacio interestelar en el límite de la heliosfera, la actividad solar y cómo las partículas cargadas del Sol se energizan para formar el viento solar, un fenómeno que afecta a la actividad sobre el planeta terrestre. “Cada una de estas fronteras influye en la forma en que la energía y las partículas del sol se desplazan por el espacio e interactúan con la Tierra. Cuando esta actividad se intensifica, puede alterar nuestra magnetosfera y atmósfera, creando lo que denominamos meteorología espacial”, describió Chinchilla, científica de la Oficina de análisis de meteorología espacial de la NASA. Los datos que recabe la sonda, que serán en tiempo real, también serán útiles para futuras misiones espaciales tripuladas, como las del programa Artemis que prevén el regreso del ser humano a la Luna, puesto que proporcionará información esencial acerca de los efectos del viento solar sobre los astronautas. “La prioridad siempre va a ser asegurarnos de que los astronautas estén a salvo”, afirmó el director de vuelo de la NASA Marcos Flores durante la transmisión. “Lo que más nos emociona es que vamos a tener otra vía de detección de estos sistemas meteorológicos espaciales, como las tormentas geomagnéticas”, señaló Flores, quien añadió que esto permitirá que los modelos de computadoras en la Tierra puedan “pronosticar lo que va a ocurrir” y que la detección del “impacto que va a tener sea mucho más precisa”. Reacciones rápidas ante fenómenos Los sensores que tiene IMAP son “de mucha más precisión y podrían alertar a los analistas en la Tierra de cuándo está ocurriendo algo”, por lo que se podrá reaccionar “de una manera un poco más rápida y dejarles saber a los astronautas que tienen que tomar medidas para protegerse”, subrayó Flores. Otra de las misiones incluye un satélite de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés) de Estados Unidos, que estudiará ininterrumpidamente la actividad del Sol y monitoreará el viento solar.  “Va a ayudar a hacer mejores pronósticos de meteorología espacial, más rápidos, más eficientes”, aseguró la doctora de la NOAA Yaireska Collado Vega. La tercera corresponde al observatorio Carruthers Geocorona, que analizará la exosfera y cartografiará esta extensa región de condiciones cambiantes por la acción del Sol sobre ella. Esta es la primera misión dedicada a medir los cambios en la capa más externa de nuestra atmósfera, la cual juega un papel importante en cómo la Tierra responde a la meteorología espacial. Estudio de la geocorona Al estudiar la geocorona —el brillo ultravioleta que emite la exosfera cuando la luz del sol la ilumina— la misión Carruthers revelará cómo la exosfera responde a las tormentas solares y cómo cambia con las estaciones. La misión se basa en el legado del primer instrumento que capturó imágenes de la geocorona, el cual viajó a la Luna a bordo de Apolo 16 y fue construido y diseñado por el científico, inventor, ingeniero y educador Dr. George Carruthers. “La misión Carruthers nos mostrará cómo funciona la exosfera y nos ayudará a mejorar nuestra capacidad para predecir los efectos de la actividad solar aquí en la Tierra”, dice en el comunicado Lara Waldrop, investigadora principal de la misión en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign.

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Dormir bien ayuda a proteger tus huesos, según estudio

El esqueleto humano, lejos de ser una estructura estática, responde a un ritmo secreto dictado por el reloj biológico que llevamos dentro. Como si se tratara de una orquesta invisible, las células óseas siguen la batuta de los ritmos circadianos, deshaciendo piezas antiguas y dando paso a nuevas notas de hueso. Un reciente estudio de científicos británicos desvela cómo el ciclo interno del sueño actúa como director de esta sinfonía ósea, guiando el delicado equilibrio entre descomposición y renovación. La relación entre el sueño y la salud ósea ha adquirido un nuevo enfoque tras la publicación de un estudio en Scientific Reports que demuestra cómo el reloj biológico interno regula la descomposición de los huesos, un proceso fundamental en la prevención de la osteoporosis. El hallazgo, realizado por investigadores de la Universidad de Surrey y la Universidad de Sheffield en el Reino Unido, indica que los ritmos circadianos no solo influyen en el descanso, sino también en la integridad del esqueleto humano. El equipo científico, liderado por la doctora Andrea Darling, se centró en analizar los mecanismos de renovación ósea, diferenciando entre la resorción (eliminación de tejido óseo viejo o dañado) y la formación de hueso nuevo. Para ello, los investigadores estudiaron a 22 adultos jóvenes sanos, a quienes extrajeron muestras de sangre cada dos horas durante un periodo de 26 horas. Bajo condiciones de laboratorio estrictamente controladas, midieron dos marcadores: el procopéptido N-terminal del procolágeno tipo I (sPINP), asociado a la formación ósea, y el telopéptido C-terminal del colágeno tipo 1 (sCTX), vinculado a la resorción ósea. Los resultadosmuestran que la resorción ósea sigue un patrón circadiano claro, mientras que la formación de hueso no presenta variaciones temporales significativas. Esta diferencia indica que el reloj biológico interno regula de manera específica el proceso de descomposición ósea, aportando una nueva perspectiva sobre el momento en que el cuerpo renueva sus huesos y las posibles consecuencias para la salud ósea. La doctora Darling, autora principal del estudio, destacó la importancia de este vínculo: “Este estudio ha establecido un vínculo claro entre los ritmos circadianos y la resorción ósea, un proceso clave para mantener la integridad ósea”, afirmó en declaraciones recogidas por Scientific Reports. Añadió que, aunque la investigación se centró en adultos jóvenes sanos, será relevante explorar en el futuro si las personas mayores o quienes padecen osteoporosis presentan alteraciones en estos ritmos. Por su parte, la profesora Debra Skene, especialista en cronobiología y autora sénior del trabajo, subrayó la necesidad de profundizar en cómo la desalineación de los ritmos circadianos, frecuente en trabajadores por turnos, podría afectar la densidad ósea y el desarrollo de enfermedades como la osteoporosis “Más investigación sobre cómo la desalineación de los ritmos circadianos, a menudo vista en trabajadores por turnos, podría afectar la densidad ósea y condiciones como la osteoporosis, es necesaria”, señaló. El profesor Richard Eastell, experto en metabolismo óseo de la Universidad de Sheffield y coautor del estudio, explicó que si bien ya se conocía la existencia de un ritmo diurno en los marcadores de resorción ósea, la aplicación de un protocolo de rutina constante permitió confirmar que este ritmo es, en realidad, circadiano. Las implicaciones de estos hallazgos van más allá del laboratorio. El hecho de que la descomposición ósea esté regulada por el reloj biológico sugiere que las alteraciones del sueño o los cambios en los horarios, como ocurre en los trabajadores nocturnos, podrían tener un impacto directo en la salud ósea y el riesgo de desarrollar osteoporosis. Craig Jones, director ejecutivo de la Royal Osteoporosis Society, valoró el estudio como un avance en la comprensión de la biología fundamental de la renovación ósea y planteó nuevas preguntas sobre el papel del sueño y el trabajo por turnos en la prevención de la enfermedad. El estudio, limitado a adultos jóvenes sanos, deja abierta la incógnita sobre cómo se comportan estos ritmos en personas mayores o con osteoporosis, y subraya la necesidad de investigaciones adicionales para determinar el alcance de estos efectos en poblaciones más vulnerables. Al evidenciar la conexión entre el reloj biológico y la descomposición ósea, la investigación publicada en Scientific Reports impulsa nuevas líneas de estudio sobre cómo el sueño y los hábitos de vida pueden influir en la prevención y el tratamiento de la osteoporosis.

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Animales capaces de vivir milenios intrigan a la ciencia

Estas especies que llegan a vivir miles de años o que reinician su ciclo de vida como si volvieran a nacer fascinan a la ciencia, cuestionando lo que sabemos sobre el envejecimiento. Cuando pensamos en longevidad animal, lo primero que se nos viene a la cabeza son las tortugas centenarias o los elefantes de memoria prodigiosa. Pero hay criaturas que van mucho más allá: organismos capaces de vivir miles de años, de “detener” su metabolismo o incluso de revertir el proceso de envejecimiento. 9 animales “inmortales” Estos campeones de la vida larga no solo fascinan por su resistencia, también son claves para que la ciencia entienda mejor cómo funciona el paso del tiempo. 1. Esponja barril: la secuoya del arrecife La esponja barril (Xestospongia testudinaria), llamada así por su forma cilíndrica, habita en mares tropicales como los de Filipinas o Indonesia. Se conocen ejemplares que han superado los 2.000 años de vida y un tamaño similar a un gran árbol, por lo que se la ha apodado “la secuoya del arrecife”. Su longevidad la convierte en una pieza clave para los ecosistemas coralinos, ya que filtra enormes volúmenes de agua y ofrece refugio a múltiples especies. 2. Esponjas vítreas: más de 10.000 años bajo el mar Habitantes de las profundidades desde hace más de 600 millones de años, las esponjas vítreas (Hexactinellida) ostentan uno de los récords más asombrosos: pueden superar los 10.000 años de vida, e incluso se han estimado casos de hasta 15.000. ¿Su secreto? Pueden hacer una pausa metabólica reversible. Sus células pueden “congelar” su actividad sin morir, lo que les permite resistir épocas adversas y reactivarse cuando las condiciones mejoran. Además, poseen un tejido sincitial -una red compartida de núcleos celulares- que les da flexibilidad para mover energía y orgánulos de un lugar a otro, como si su propio cuerpo fuera una autopista interna. 3. Coral negro: un superviviente milenario Los corales negros (orden Antipatharia), típicos de aguas profundas, destacan por su resistencia y por un dato difícil de creer: algunos ejemplares superan los 5.000 años de vida. Su crecimiento es extremadamente lento, lo que les permite alcanzar estas edades pero también los vuelve vulnerables al cambio climático y a la acción humana. 4. Medusa inmortal: la vida en reversa La diminuta Turritopsis dohrnii, de apenas unos milímetros, desafía lo que entendemos por ciclo vital. Cuando llega a la fase adulta, puede revertir su desarrollo y volver a ser un pólipo juvenil, repitiendo el proceso una y otra vez. Es como si tuviera un botón de reinicio. La ciencia estudia este “desarrollo inverso” con la esperanza de encontrar claves aplicables a la medicina regenerativa. 5. Langostas: la paradoja de la inmortalidad frustrada Las langostas poseen una enzima, la telomerasa, que evita el desgaste de los telómeros, estructuras clave para el envejecimiento celular. Esto las haría, en teoría, casi inmortales. En la práctica, su vida se ve limitada por infecciones, depredadores y, sobre todo, por lo riesgoso del proceso de muda: renovar su caparazón exige tanta energía que, a partir de cierto tamaño, el esfuerzo puede matarlas. Pese a ello, algunas alcanzan más de un siglo de vida. 6. Tiburón de Groenlandia: el vertebrado más longevo En el frío Atlántico Norte nada el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), un animal que puede vivir cerca de 400 años, lo que lo convierte en el vertebrado más longevo conocido. Su metabolismo extremadamente lento, adaptado a las bajas temperaturas, explica esta hazaña. El costo, sin embargo, es reproductivo: las hembras alcanzan la madurez sexual alrededor de los 150 años. 7. Tortugas gigantes: longevidad terrestre Las tortugas, iconos de la longevidad, no llegan a miles de años, pero sí a impresionantes cifras para un animal terrestre. La tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys gigantea), originaria de las Seychelles, puede vivir hasta 150 años y superar los 250 kilos de peso. Su metabolismo lento y su gran resistencia la convierten en un símbolo de vida duradera en tierra firme. 8. Ballena de Groenlandia: la más longeva entre los mamíferos La ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus) puede llegar a los 200 años de vida, lo que la convierte en el mamífero más longevo. Al igual que el tiburón ártico, su secreto radica en un metabolismo lento y en la protección que le da el frío. A diferencia del tiburón, su reproducción comienza a los 25 años, lo que le permite mantener poblaciones más estables, pese a la intensa caza que suele sufrir. 9. Elefantes: el ícono de la longevidad Los elefantes no solo son los animales terrestres más grandes, sino que también figuran entre los más longevos. Los africanos y asiáticos pueden llegar a vivir entre 60 y 70 años, con casos excepcionales que superan esas cifras. El estudio de su metabolismo dio origen a la llamada paradoja de Peto, una hipótesis que señala que los animales más grandes, como elefantes o ballenas, desarrollaron más mecanismos que les permiten vivir más tiempo. Un elefante tiene hasta cien veces más células que un humano y, aun así, alcanza una vida prolongada. Se cree que la clave está en que posee genes capaces de reparar daños y eliminar células defectuosas antes de que se conviertan en un tumor. Estos animales no solo baten récords de longevidad: también ofrecen pistas valiosas para entender el envejecimiento y, tal vez algún día, aprender a retrasarlo.

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Científicos identifican parte desconocida del sistema inmunológico

La ciencia sigue su senda de avances. Un reciente estudió descubrió una nueva parte del sistema inmunológico que es “una mina de oro” de potenciales antibióticos. Un equipo de científicos de Israel demostró que una parte del cuerpo conocida por reciclar proteínas tiene un modo secreto que puede soltar un arsenal de sustancias químicas que matan bacterias. Los investigadores creen que este descubrimiento transforma nuestra comprensión de cómo estamos protegidos contra las infecciones y ofrece un nuevo foco para buscar antibióticos que aborden el creciente problema de las superbacterias que resisten nuestros medicamentos actuales. El descubrimiento se centra en el proteasoma, una estructura diminuta que se encuentra en cada célula del cuerpo. Su función principal es cortar las proteínas viejas en trozos más pequeños para que puedan reciclarse y crear otras nuevas.

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Estudio revela que la música podría proteger al cerebro del encogimiento tras los 40 años

Por mucho que lo intentemos, no podemos combatir la mayoría de los efectos del envejecimiento. La vista se deteriora, las arrugas se acentúan y el dolor en las articulaciones se vuelve casi inevitable. ¿Pero el deterioro cognitivo? Eso podría ser más flexible de lo que pensamos. Aunque las investigaciones muestran que el cerebro pierde alrededor del 5 % de su volumen por década después de los 40 años, los hallazgos científicos sugieren que adquirir una nueva habilidad, como aprender a tocar un instrumento musical, puede ayudar a preservar la función cerebral hasta bien entrada la vejez. Ese es el mensaje que se destaca en el primer episodio de Sin límites con Chris Hemsworth: Una vida mejor, disponible en Disney+. En el episodio, el actor australiano Chris Hemsworth, de 41 años, se inicia en la batería por primera vez. Al hacerlo, no solo se está preparando para tocar ante 60 000 fans entusiastas en un concierto de Ed Sheeran, sino que también está demostrando cómo aprender a tocar un instrumento en una etapa avanzada de la vida puede contribuir a la salud de su propio cerebro envejecido. Esto no es un superpoder exclusivo de Hemsworth. Cada vez son más los estudios que sugieren que las actividades que suponen un reto para la mente pueden ser herramientas poderosas para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad. Por qué nuestro cerebro se encoge con la edad La pérdida gradual de tejido cerebral, conocida como atrofia cerebral, puede comenzar a partir de los 30 años, “pero no le ocurre a todo el mundo al mismo ritmo”, explica Daniel Gustavson, psicólogo cognitivo de la Universidad de Colorado Boulder. Cuando se produce, la atrofia suele afectar a áreas clave como la corteza prefrontal, responsable de la resolución de problemas y la adaptabilidad, y el hipocampo, que controla la memoria y la orientación espacial. “Es posible que notes un deterioro en estas áreas cuando te cuesta recordar detalles de una conversación u olvidas dónde has dejado las llaves”, explica Maya Shankar, científica cognitiva que aparece en la serie de Disney+. “Cuando ocurren estas cosas, son más que una simple molestia: reflejan cambios reales en la conectividad neuronal”. La reducción del tamaño del cerebro se debe en gran medida a la pérdida de neuronas y de unas uniones especializadas del cerebro llamadas sinapsis, así como a una disminución de la plasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y reorganizarse.  Otro factor que contribuye a ello es la disminución, relacionada con la edad, de la producción y la eficacia de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la acetilcolina, un mensajero químico fundamental para la memoria y el movimiento muscular. A medida que estos neurotransmisores disminuyen, también lo hace la agudeza mental. Para complicar aún más las cosas, tanto la materia gris como la blanca también disminuyen con la edad. Estos tejidos nerviosos desempeñan un papel fundamental en la protección y el mantenimiento de las conexiones neuronales. Su deterioro puede provocar diversos síntomas, cuya gravedad suele depender de la genética y el estilo de vida, explica Golnaz Yadollahikhales, neuróloga del Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles. Aunque el olvido leve es común, señala que una pérdida de memoria más significativa podría ser un signo de las primeras etapas del deterioro cognitivo o la demencia. Cómo las actividades que suponen un reto mental ayudan a preparar el cerebro para el futuro Los científicos coinciden en que el antídoto contra el deterioro cognitivo relacionado con la edad es la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reconfigurarse a lo largo de toda la vida en respuesta a nuevas experiencias. “Cuando aprendemos algo nuevo, estamos creando literalmente nuevas neuronas y vías”, dice Shankar. Ella lo compara con encontrar una nueva ruta para ir al trabajo cuando la habitual está cerrada. Esta adaptabilidad sustenta lo que los investigadores denominan reserva cognitiva: la capacidad del cerebro para compensar los daños o cambios relacionados con la edad. Yadollahikhales lo describe como un “andamiaje mental” que ayuda a mantener el funcionamiento incluso si una parte del cerebro comienza a fallar. Una forma eficaz de desarrollar la reserva cognitiva es aprender nuevas habilidades que exijan un esfuerzo cognitivo, como “practicar un nuevo deporte, pintar, cocinar, escribir, programar, bailar o aprender un nuevo idioma”, enumera Shankar.  Este tipo de actividades mejoran la integridad de la materia blanca, favorecen la actividad saludable de los neurotransmisores y mejoran la comunicación entre los hemisferios cerebrales al fortalecer el cuerpo calloso, el tracto de materia blanca más grande del cerebro. “Es como un puente, ya que desempeña un papel crucial en la comunicación entre los hemisferios derecho e izquierdo”, detalla Yadollahikhales. Unas conexiones interhemisféricas más fuertes pueden mejorar todo, desde la multitarea hasta la regulación emocional. Por qué aprender a tocar un nuevo instrumento puede ayudar a compensar la reducción del cerebro Aunque hay muchas habilidades que pueden estimular el cerebro, “aprender a tocar un nuevo instrumento es probablemente lo más beneficioso para el cerebro”, asegura Shankar. Esto se debe a que tocar un instrumento musical mejora la función ejecutiva y la memoria de trabajo al “involucrar a casi todas las regiones del cerebro y fortalecer la comunicación entre ellas”, explica. Tocar un instrumento musical implica la coordinación bimanual y activa múltiples estructuras cerebrales simultáneamente, lo que fortalece el cuerpo calloso. Algunas de estas estructuras cerebrales son las responsables de la audición, la lectura musical y la coordinación de los movimientos de las manos y los dedos. “Aprender a tocar un nuevo instrumento es un ejercicio completo para el cerebro”, subraya Gustavson. “Y eso lo convierte en una herramienta potente para desarrollar la reserva cognitiva”. Numerosas investigaciones respaldan esta afirmación. Un estudio publicado en 2022 en la revista Frontiers in Aging Neuroscience reveló que las personas mayores que recibieron clases de piano durante seis meses mostraron una mejora en la conectividad estructural de las regiones del cerebro asociadas con la memoria y el lenguaje. Otros estudios muestran que aprender a tocar un instrumento en la edad madura también puede mejorar la memoria, la función ejecutiva e incluso el volumen cerebral. En un ensayo, personas mayores sin experiencia musical previa mejoraron su memoria verbal tras solo tres meses de aprendizaje con la armónica de teclado, un pequeño teclado portátil que se toca con la respiración. Cómo empezar a aprender un nuevo instrumento Si quieres utilizar la música para proteger la salud de tu cerebro, es importante elegir el instrumento adecuado. “Elige uno que te entusiasme, pero que también te

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Esperanza limitada, impacto global: el poder de la investigación en enfermedades raras

Por definición se considera una enfermedad rara a aquella que afecta a menos de 1 cada 2000 personas. Es decir, que a pesar de su nombre, una enfermedad rara no lo es por la rareza de sus síntomas, sino que se trata de aquella que se presenta en una parte muy pequeña de la población. Lo mismo sucede con las ultrarraras, que son aquellas que tienen una prevalencia menor a 1 de cada 50000 personas, aunque generalmente estas enfermedades suelen presentarse en pocas decenas o centenas de pacientes en todo el mundo. Por ello también se las conoce como «enfermedades minoritarias». En la actualidad se conocen entre 7.000 y 8.000 enfermedades raras, lo que, tras los cálculos estadísticos pertinentes da lugar a que entre el 4 % y el 7 % de la población podría padecer uno de estos trastornos. El mayor problema suele venir con el diagnóstico, ya que, especialmente cuando se trata de aquellas con sintomatología leve, las enfermedades raras pueden quedar reducidas a frases como «esto me pasa de toda la vida, es normal» o «es un día malo, no hace falta ir al médico». En el caso de trastornos más graves, el tiempo medio de diagnóstico de una de estas enfermedades es entre 5 y 8 años, aunque puede alargarse hasta más de una década en la que los pacientes van saltando de especialista en especialista. La razón de estos tiempos tan largos se debe a que la sintomatología suele confundirse con otras enfermedades más comunes y generalmente, se acaba diagnosticando por descarte, cuando ya no quedan más opciones. Este proceso marcado por la incertidumbre es especialmente difícil para los pacientes, que únicamente buscan una respuesta ante aquello que les pasa y que nadie parece poder explicar. Las nuevas técnicas diagnósticas, una nueva esperanza Afortunadamente, un motivo de alegría para las personas que sufren estas enfermedades es el abaratamiento de los costes de las pruebas genéticas y las técnicas cada vez menos invasivas. Además, en diversos laboratorios de todo el mundo se están probando nuevas técnicas basadas en inteligencia artificial entrenadas para el diagnóstico que podrían reducir significativamente el tiempo de espera para conocer los resultados de una prueba. Además, como indican en la Federación Española de Enfermedades Raras, FEDER, existen varios proyectos que tratan de detectar posibles trastornos desde el nacimiento mediante cribados neonatales. En una encuesta realizada a 5569 pacientes y familiares de pacientes de enfermedades raras, más de un 85 % de las personas que tomaron parte les hubiese gustado que les diagnosticasen (o a sus familiares) la enfermedad antes o inmediatamente tras el nacimiento. Ahora bien, los resultados de la encuesta son menos contundentes cuando se trata de trastornos que tienen un efecto leve o inexistente en la vida de los pacientes, así como del cribado de variantes genéticas que únicamente dan una mayor probabilidad de acabe apareciendo un trastorno. En este caso, los mayores miedos que tienen los familiares son la aparición de ansiedad, así como la posible creación de estigmas o la discriminación que pueda aparecer a raíz del conocimiento del trastorno. Aunque, sin duda, la gran tarea pendiente es el desarrollo de tratamientos específicos de las enfermedades, ya que hasta un 90% de enfermedades raras no tiene cura. Pero queda lugar para la esperanza, ya que en la actualidad el mundo está siendo testigo de avances que permiten hasta curar enfermedades genéticas antes incurables. Un maravilloso ejemplo de estos avances lo hemos podido vivir este año, el caso de KJ, el bebé de Filadelfia que nació con un déficit de la enzima carbamoil fosfato sintetasa 1 y que va a poder vivir una vida normal. El conocimiento de enfermedades raras beneficia a todos La investigación en enfermedades raras no sólo beneficia a pocos pacientes, sino que puede aportar avances que repercutan en toda la sociedad. Un claro ejemplo de estos beneficios es el hallazgo del gen TP53, cuyas mutaciones derivan en una gran cantidad de tipos de cáncer. Este gen se observó por primera vez en los años 80 en un niño del hospital Westmead de Sídney, que acudió con un raro cáncer de las glándulas adrenales, consecuencia del síndrome Li-Fraumeni. Gracias a esta investigación se han podido desarrollar métodos diagnósticos y tratamientos que en la actualidad salvan la vida de miles de personas que padecen cáncer. Por ello, seguir invirtiendo esfuerzos en comprender y analizar al detalle enfermedades raras acaba reportando beneficios a toda la humanidad, desde técnicas diagnósticas hasta tratamientos de enfermedades comunes.

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Hallan los restos del dinosaurio con la cabeza más extraordinaria

Los dinosaurios con cabeza abovedada son difíciles de encontrar. Conocidos por los paleontólogos como paquicefalosaurios, estos herbívoros del Cretácico tenían cráneos con la parte superior engrosada y redondeada. El propósito de sus famosas cabezas sigue siendo un misterio, reconstruido a partir de fragmentos encontrados en diversos yacimientos fósiles de América del Norte y Asia. Pero ahora los paleontólogos han descubierto el paquicefalosaurio más antiguo conocido hasta la fecha y el fósil más completo de esta enigmática familia de dinosaurios. Bautizado como Zavacephale rinpoche en la edición de hoy de la revista Nature, este herbívoro de aproximadamente 108 millones de años de antigüedad encontrado en Mongolia era un enano en comparación con sus parientes posteriores. Mientras que el homónimo del grupo, el Pachycephalosaurus, podía medir más de 4,5 metros de largo y pesar más de 270 kilos, el Zavacephale solo medía alrededor de un metro de largo y pesaba unos 9 kilos. A pesar de su menor estatura, la antigüedad y la integridad del fósil son muy importantes para los investigadores. «Para aquellos de nosotros que estudiamos los dinosaurios de cabeza abombada, el Zavacephale es el espécimen que todos estábamos esperando», afirma el paleontólogo del Museo Real de Ontario David Evans, que no participó en el estudio. Una rara visión de la fase punk de un dinosaurio Al igual que muchos de sus parientes más grandes y geológicamente más jóvenes, el Zavacephale tenía un cráneo grueso y abombado. El nuevo espécimen también incluye muchos otros elementos de las extremidades, los hombros, las caderas y una cola reforzada con tendones similares a fideos que se habían convertido en hueso. Aunque los paleontólogos llevan registrando los dinosaurios desde la década de 1940, los huesos de los dedos del Zavacephale son los primeros dedos de la mano descritos en cualquier paquicefalosaurio. Una de las razones de la relativa rareza de las partes esqueléticas de los paquicefalosaurios, aparte de sus cráneos, es lo resistentes que eran sus cúpulas. «Si quieres imaginar un cráneo de paquicefalosaurio, piensa en media bola de bolos sostenida por palillos», dice la paleontóloga del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte y autora del estudio, Lindsay Zanno. «Ahora imagina que la tiras a un río. ¿Qué crees que sobrevivirá al viaje? Probablemente solo la cúpula», señala, y añade que muchos paquicefalosaurios eran animales pequeños con esqueletos frágiles. Ahora, gracias al Zavacephale, los expertos tienen una visión mucho más clara de cómo eran los primeros miembros del grupo y cómo se formó su singular estructura corporal. «Contar con un esqueleto tan completo detrás del cráneo de este paquicefalosaurio primitivo es un tesoro poco común para comprender cómo se formaron sus extraños esqueletos», afirma Evans. Los huesos fosilizados de las extremidades de este espécimen de Zavacephale permitieron a Zanno, que también es exploradora de National Geographic, y a sus colegas investigar la edad biológica de este dinosaurio. Los paleontólogos suelen fijarse en la estructura microscópica de los huesos de las extremidades de los dinosaurios, además de otras pistas, para estimar la edad que tenían los animales cuando murieron. El dinosaurio era inmaduro y aún estaba creciendo cuando murió, lo que significa que el Zavacephaledesarrolló su cabeza abombada antes de alcanzar el tamaño corporal adulto completo. El patrón coincide con lo que los paleontólogos han encontrado en otras especies: los dinosaurios pasaron por una llamativa fase punk en la adolescencia. Muchas especies de dinosaurios desarrollaron crestas elaboradas, cuernos y otros adornos sociales mucho antes de alcanzar el tamaño corporal completo y ralentizar su crecimiento. El origen de las cabezas abovedadas La forma en que estos dinosaurios desarrollaron sus cúpulas reproduce aproximadamente la forma en que los huesos engrosados evolucionaron a lo largo del tiempo evolutivo. «Cuando observamos cómo se construyó la cúpula del Zavacephale», dice Zanno, «descubrimos que la evolución de la cúpula en los paquicefalosaurios refleja sorprendentemente cómo se desarrolla la cúpula a medida que un paquicefalosaurio individual crece desde la juventud hasta la edad adulta». Tanto la integridad como la antigüedad geológica del Zavacephale convierten inmediatamente al nuevo dinosaurio en fundamental para comprender cuándo, cómo y dónde evolucionaron los paquicefalosaurios. Los fósiles de Mongolia son al menos 14 millones de años más antiguos que los de la siguiente especie de paquicefalosaurio más antigua, el Sinocephale de China. En algún momento antes de hace 108 millones de años, los primeros dinosaurios con cabeza abovedada se separaron de su antepasado común con los dinosaurios con cuernos, prosperando en la Asia prehistórica antes de extenderse por América del Norte. La antigüedad del Zavacephale ha llevado a Zanno y sus colegas a reconsiderar cómo eran los primeros paquicefalosaurios. Hasta ahora, los paleontólogos pensaban que los primeros dinosaurios con cabeza abombada tenían cráneos ligeramente engrosados y relativamente planos, y no cúpulas completas y gruesas. Se pensaba que el dinosaurio Wannanosaurus de China representaba esta etapa evolutiva temprana, pero ahora parece ser un individuo juvenil que vivió en la época equivocada para informar sobre los orígenes de los dinosaurios con cabeza abovedada. El Zavacephale, junto con dinosaurios relacionados como el Colepiocephale de Canadá, indican que los paquicefalosaurios desarrollaron un cráneo abovedado muy temprano en su historia evolutiva, un comienzo más temprano de lo que los expertos esperaban para un perfil tan llamativo. «Este espectacular espécimen no solo ayuda a resolver el origen de la cúpula, sino que también nos ayudará en gran medida a comprender las relaciones evolutivas entre las especies conocidas de dinosaurios con cabeza abovedada», afirma Evans. La mayoría de los paquicefalosaurios conocidos se remontan a las últimas etapas del Cretácico, y los hallazgos sugieren que muchos paquicefalosaurios conocidos anteriormente podrían necesitar una nueva revisión.

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La momia más antigua del mundo no es egipcia y tiene unos 12.000 años de antigüedad

Un grupo de científicos internacionales encontró momias humanas de más de 12.000 años en el sur de China y en el sudeste asiático. Esta costumbre de conservar cuerpos con humo es mucho más antigua que la egipcia.El equipo de investigación analizó 54 entierros de personas que vivieron antes de la agricultura. Publicaron sus resultados en la revista PNAS de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Los entierros aparecieron en Vietnam, la Región Autónoma Zhuang de Guangxi en China, Filipinas, Laos, Tailandia, Malasia y Indonesia. Las momias más antiguasEl estudio indica que la evidencia más antigua de momificación por humo en el sur de China y el sudeste asiático se remonta a entre 12.000 y 4.000 años antes del presente. Existen sitios específicos, como la cueva Zengpiyan en Guangxi, China, ocupada entre hace 12.000 y 7.000 años. Algunos contextos arqueológicos analizados resultan de hace poco más de 10.000 años, pero el rango documentado e informado en el paper llega hasta los 12.000 años para los entierros más antiguos. El uso de humo paraLas momias no solo muestran el esqueleto, también conservan piel y tejidos. Y los científicos observaron que los cuerpos fueron puestos junto a fuegos. Usaron humo para secar los restos y evitar que se descompongan. Esto llevó a una momificación. “Muchos de los restos habían sido desecados con humo sobre fuego durante largos periodos antes del entierro, en un proceso de momificación”, declaró Peter Bellwood, arqueólogo de la Universidad Nacional de Australia. Así era la momificaciónLos investigadores encontraron los cuerpos en posiciones encogidas o en cuclillas. Explicaron que estas posiciones son típicas en entierros antiguos. Muchos restos muestran señales de calor en los huesos. Esto prueba que el fuego jugó un papel principal en la preservación. Momificación significa conservar el cuerpo sin que se pudra. Para esto usaron humo y calor de fogatas hechas a propósito. Hsiao-chun Hung, autora del estudio, explicó que estos entierros pertenecen a cazadores-recolectores. Estos grupos humanos vivieron en la región antes de la llegada de la agricultura. Estas poblaciones desplazaron a otras más viejas y todavía tienen descendientes que viven en Australia y Nueva Guinea. “El análisis permitió identificar que estos humanos formaban parte de los primeros grupos modernos que llegaron a esa parte de Asia, y cuyas prácticas culturales persisten en algunas poblaciones autóctonas”, dijo Hung. El equipo comparó las momias de Asia con las de Chile y Perú. Allí, un pueblo llamado Chinchorro practicó también la momificación hace más de 7.000 años. Antes de este hallazgo, las momias más antiguas conocidas eran de los Chinchorro. Ahora, la evidencia de Asia cambia la historia de la conservación humana. El estudio resaltó otro caso moderno del sudeste asiático. El pueblo Dani, de Indonesia, aplica humo a cuerpos para conservarlos hasta hoy. El método se parece al de los yacimientos prehistóricos. Esto muestra que la tradición ha sobrevivido con el tiempo en algunas comunidades de Asia. La egiptóloga Salima Ikram, especialista en momias de Egipto, participó en el análisis de estas prácticas. Ella explicó que muchas culturas desearon conservar el cuerpo de los muertos. “La idea detrás de esto es similar, porque querían preservar el cuerpo”, dijo Ikram, quien trabaja en la Universidad Americana de El Cairo. El proyecto comenzó en 2017 y sumó a 24 expertos de distintos países. Sus investigaciones cruzaron arqueología, genética y química. El equipo reunió pruebas durante años y usó análisis científicos para entender el origen de estos rituales. La evidencia de Asia muestra que la momificación no surgió solo en Egipto ni en América del Sur. El uso del humo fue clave para que los cuerpos resistan el paso del tiempo en zonas húmedas. El descubrimiento abre la posibilidad de nuevos hallazgos similares en otras partes del continente asiático. “Algunos sitios en el norte de China con entierros en posición flexionada, fechados entre 13.000 y 10.000 años antes del presente, también se beneficiarían de futuras investigaciones”, aclararon los investigadores. Además resaltaron que existen paralelismos en los entierros fuertemente flexionados y en hiperflexión encontrados en varios sitios de Australia. “Nuestros hallazgos resaltan una continuidad biológica y cultural profunda y duradera”, sostuvieron en el estudio.

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Hallazgo arqueológico: revelan tatuajes ocultos bajo la piel de una momia milenaria

Desde símbolos tribales hasta el nombre de un ex, la gente lleva mucho tiempo adornando su piel con tinta. Innumerables culturas han desarrollado y practicado el arte del tatuaje durante al menos 5000 años. Entre los ejemplos más famosos se encuentran Ötzi, el hombre del hielo, encontrado congelado en los Alpes con 61 tatuajes, y la momia Chinchorro del antiguo Chile, marcada con puntos negros similares a bigotes que se cree que son tatuajes debajo de la nariz. A pesar de su omnipresencia, los tatuajes antiguos son difíciles de estudiar. Los científicos han recurrido a las momias tatuadas para vislumbrar los orígenes de esta forma de arte. Sin embargo, los tatuajes en su piel suelen estar descoloridos o invisibles debido al proceso de momificación, lo que limita la información que los investigadores pueden obtener de ellos. Ahora, las nuevas tecnologías están ayudando a devolver la vida a estos tatuajes antiguos. Un equipo internacional de investigadores utilizó fotografía de alta resolución en el infrarrojo cercano para reconstruir los tatuajes de una mujer momificada, conservada en el permafrost siberiano durante unos 2000 años. También determinaron qué herramientas se utilizaron para crear los diseños en su cuerpo, además de evaluar el nivel de habilidad del tatuador. Los hallazgos, publicados en julio de 2025 en la revista Antiquity, ofrecen nuevos conocimientos sobre la importancia que tenía el tatuaje en la cultura de la Edad de Hierro a la que perteneció la momia.

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