Marie Curie, inventora y conductora de camiones de la Primera Guerra Mundial

Apenas 3 meses después de que diera comienzo la Primera Guerra Mundial, en octubre de 1914, Marie Curie, que entonces contaba con 47 años, y su hija, Irène Joliot-Curie, de 17, se subieron a un camión. En la parte de detrás descansaba un voluminoso artefacto que podía ayudar a los médicos y soldados que se encontraban en el frente. Las primeras unidades de la flotilla de equipos móviles de rayos X, llamadas “Petit Curies”, estaba lista.

El descubrimiento de los rayos X se había producido unos años atrás por otro ganador del Nobel: Wilhelm Röntgen. Tras su hallazgo, mientras experimentaba con materiales capaces de bloquear estos rayos, Röntgen realizó, de forma accidental, la primera radiografía al permitir que los rayos atravesaran su propio cuerpo. Posteriormente repitió el experimento con la mano de su esposa, que se horrorizó comentando que “había visto su propia muerte”. Finalmente, la imagen que ha trascendido como la primera radiografía tiene el honor de ser de su compañero y amigo Albert von Kölliker en 1895.

Gracias a los rayos X, los médicos podían observar con detenimiento lo que ocurre en el interior de las personas y detectar posibles fracturas óseas u objetos que pudieran tener alojados en su interior. Este tipo de heridas son muy frecuentes en batalla por el terreno accidentado, las balas y la metralla, por lo que contar con máquinas de rayos X suponía una gran ventaja a la hora de curar a los soldados.

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De hecho, apenas unos meses después de su descubrimiento, en marzo de 1896, la academia Kaiser Wilhelm de Berlin realiza la primera radiografía de una herida militar, y confirmó la utilidad de esta tecnología para tratar las heridas de bala de los combatientes.

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