Por qué el termómetro es uno de los inventos más importantes de la ciencia

Un beso en la frente es un método útil para saber si alguien tiene fiebre o no. Al acercar la piel sensible de nuestros labios a la cabeza de una persona febril podemos detectar, de forma subjetiva, si la frente de la persona está más caliente que la piel de nuestros labios. Pero claro, esta forma de medir la temperatura tiene una serie de problemas. Una de ellas es nuestra propia sensibilidad, ya que hay personas más sensibles que otras que podrían ser más o menos buenos detectando la fiebre.

Por otro lado, la temperatura exterior, o el haber tomado un refresco o un helado también afecta a nuestra sensibilidad. Si tenemos los labios fríos, todo nos parecerá caliente y, por tanto, nuestro diagnóstico se va al garete. Además, si la persona que mide tiene fiebre, sus labios también estarán más calientes y, por tanto, no podrá detectar una variación de la temperatura en la otra persona y saber si esta también la tiene.

Por ello, para saber exactamente la temperatura de nuestro ser querido nos valemos del termómetro. Un instrumento que permite dar un valor objetivo acerca de la temperatura. Si este valor supera los valores normales de la persona, entonces sabremos con certeza que tiene fiebre y, si no sucede así, entonces descartaremos el síntoma.

Las aplicaciones del termómetro van mucho más allá de la salud. Un termómetro también puede servir para medir la temperatura de las aguas, de la comida, de procesos tecnológicos, y de nuestro propio planeta. Gracias al termómetro, algunas de las disciplinas científicas como la química, la biología o la meteorología han podido dar pasos de gigante hasta llegar a predecir comportamientos realmente complejos donde la temperatura es la clave.

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